Has levantado la vista desde el suelo, como a cámara lenta,
siguiendo la línea uniforme que une la punta de mi pie a mis ojos… Un leve
destello rojo se ha cruzado a la altura de mis pechos provocando que tu lengua
mojara tus labios… En ese instante, en ese segundo, he sabido que ya eras mío y
que muy posiblemente dejaría que creyeras que yo también soy tuya. Solo por
divertirme, por saciar ese animal en mi, que otra vez pretende salir de caza…
Soy ese aperitivo que me apetece probar cada vez que pienso en ti... Me recuerdo acostada en tu cama asomando la cabeza entre mis rodillas que se separan lentamente abriendo esa parte de mi que siempre está dispuesta... Y el aperitivo se ofrece con mis dedos buscando por debajo de fina tela de mis bragas que traslucen la humedad que me provoca recordar... que me apetece probarme cada vez que pienso en ti...
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eva monfort
La embestida por detrás siempre me ha puesto muy cachonda.
Esa sensación latente entre el cuerpo y el espacio que se va acortando cuando
te acercas sigiloso. Intentando silenciar tu respiración agitada que delata las
intenciones que ya te laten dentro de los pantalones. Tu aliento caliente llega
a mi nuca erizándome la piel. Tu cuerpo se adapta al mío sintiendo tu dureza
entre mis nalgas y tus manos se aferran con fuerza a mis tetas que se erizan
con tu contacto. Abro mis piernas apoyando las manos en la mesa para soportar
la presión que ejerces sobre mí. Tu boca roza mi oído…
—Voy a follarte aquí mismo…
(Imagen de Gabriel Mestre "La Mirada Erótica")
Desde que somos compañeros de trabajo he sabido que algún
día, que en algún momento, terminaríamos follando. Esas
cosas se notan y se saben con una simple mirada.
Hoy escribiendo el informe sobre la última obra realizada he
visto otra vez ese destello en tu mirada que no se aparta de mi
boca.
Me divierte ver que tengo ese poder sobre ti y que si me
apetece puedo follarte ahora mismo, aquí, en tu despacho.
La sensación de dominación hace que mi clítoris palpite con
ganas de ser devorado por tu boca.
Mi lengua reacciona mojando mis labios mientras hablamos y
tus ojos parpadean sin apartar tu atención de lo que sé que
estás deseando.
Ya hace tiempo que los dos esperamos en silencio la
oportunidad de poder desatar el deseo que nos quema por
dentro.
— Pablo…, no quiero seguir hablando— te digo levantándome
para ir hacia ti.
— Ni yo…— contestas dejando que me siente encima de tus
rodillas.
Nuestras miradas se encuentran antes de que las lenguas se
rocen. Abriendo las bocas con hambre de carne. Mis manos se
aferran a tu pelo y las tuyas se meten debajo de mi falda
apresando mi culo, apretándome contra tu cuerpo.
— Fóllame Pablo…, ahora.
— Quítate las bragas.
Me levanto obediente para quitarme la prenda, mientras veo
como sacas tu polla de los pantalones sin dejar de mirarme.
Es la primera vez que la veo y me parece perfecta, gorda y
larga, como a mí me gustan. La visión es tan atractiva que me
apetece probarla antes de dejar que me folles. Me arrodillo
delante del exquisito manjar y mojo mis labios con la lengua,
antes de lanzarme a por ella.
Mi boca te rodea, ofreciéndote lo más profundo de ella,
bajando hasta rozar mi campanilla. Me encanta esa sensación
de arcada con una polla follándome la boca.
— Diosss Eva…, que bien lo haces… Levanta…
Mirándome fijamente me levantas dándote unos golpecitos
en las piernas para que vuelva a sentarme encima de ti.
Con una mano coges tu polla, acercándola a mi coño que ya
está deseando que lo abras y lo hagas tuyo. Mis caderas se
colocan, mis manos se aferran al respaldo de tu sillón y
despacio empiezo a descender, metiendo cada centímetro
dentro de mí, hasta que noto tus huevos pegados a mi culo.
Nuestras bocas se vuelven a encontrar, siendo invadidas por
las lenguas que buscan profundidad.
Tus manos se aferran con fuerza a mi culo, presionándome
contra ti, haciendo que tu polla roce lo más profundo de mi
coño, que se abre lubricando cada uno de tus movimientos.
Mis gemidos y los tuyos, se entrelazan componiendo una
canción sin letra. Mis pezones luchan por salir de la tela que
los retiene, sintiendo tu mano apresando la carne, buscando
pellizcar.
Los movimientos se hacen más rápidos provocando que mi
espalda se arquee hacia atrás, buscando la postura que
provoque que me corra.
— Estoy a punto de llenarte con mi leche Eva…
Tus palabras hacen que abra más las piernas y que mi cadera
coja velocidad. Mi clítoris sobresale de mis labios hinchados
haciendo que las contracciones no tarden en llegar. Tus dedos
se clavan en mi culo, apresando la carne, tomando impulso
para llenarme. Tus huevos se contraen preparando el elixir
que empieza a brotar con chorros que hacen que te doblegues
sobre mi cuerpo que te sigue. Mis gemidos se mezclan con los
tuyos y mis contracciones hacen que mis jugos y tu leche
salgan a borbotones de mi coño, empapando tus pantalones.
— Va a ser difícil ser tu compañera de trabajo…— te digo al
oído sintiendo como tu polla empieza a relajarse aún dentro
de mí.
— No será por mí… A partir de ahora tienes mi polla a tu
servicio…
Estar contigo en éste hotel durante toda una semana, hace que desee quedarme para siempre, pero los dos en el fondo sabemos que eso no es posible. En la cama somos como dos fieras en libertad y nos une un cariño más que especial, nada más. Ni amor, ni romanticismo. Sexo, mucho sexo y del mejor.
— ¡Gracias por este desayuno cielo, me ha sentado de maravilla!— me dices terminando tu café con leche, desnudo y sentado sobre la cama.
Yo no puedo evitar reír al ver como tu polla descansa inerte y relajada sobre tu pierna, mientras tus huevos reposan sobre el colchón. Me encanta verte desnudo, pero sobre todo, me encanta hacer que te excites. Ver como todo tu cuerpo empieza a latir por mí. Como nuestras miradas pasan de ser dulces a transmitir puro deseo, despertando los animales que duermen en algún rincón de nosotros. Esos pensamientos encienden la chispa que ya conoces muy bien, tú sonríes sabiendo lo que está pasando dentro de mí cabeza en ese momento.
— Eva, cielo…, eres una perrita insaciable…— me dices sonriendo.
Te levantas de la cama de un salto y cogiéndome la mano me llevas al cuarto de baño. Hay que empezar el día y qué mejor manera de hacerlo, que los dos desnudos bajo un agua templadita, enjabonándonos mutuamente, riendo y jugando con la ducha. Me mantienes atrapada entre tu cuerpo y la pared. Se que te gusta esa sensación de dominación y control sobre mi persona y yo me dejo hacer. Cuando quiero soy buena sumisa.
Diriges un chorro de agua caliente directo a mis pezones que reaccionan al momento endureciéndose. Yo me rio y tú me miras con expresión seria, la señal de que quieres seguir jugando. Paseas el agua por encima de mi estómago, hacia mi ombligo, provocando que abra mis piernas, adivinando a donde vas directo. El chorro de agua sale con bastante presión, me encanta esta ducha. Tiene la suficiente fuerza como para entrar entre mis labios y llegar directamente a mi clítoris, que reacciona enviándome un espasmo que me hace inclinarme hacia delante.
— Aguanta…, voy a hacer que grites…— me dices pellizcando uno de mis pezones.
Mi cuerpo se estremece con el contacto directo del agua caliente y tus dedos buscando entrar en mí. Siento como tu mano se abre paso en mi coño, ayudada por el agua, metiendo dos, tres, hasta cuatro dedos, presionando el punto exacto. Mi cuerpo se arquea hacia atrás y mis piernas empiezan a temblar. Tu mano se acelera con movimientos ascendentes como si tu brazo fuera una maquina de percusión ideada para follar. Mi clítoris está a punto de reventar.
— Dios Ángel…, no pares— grito abriendo más las piernas.
Sientes en tu mano que estoy a punto de correrme. Apartas el chorro de agua y te agachas delante de mí sin dejar de taladrarme, ya casi con la mano entera, que entra y sale de mi coño, veloz. Mi cuerpo se tensa, mi respiración se detiene y mi boca se abre emitiendo un grito que me ahoga. De mi coño empiezan a emerger chorros de líquido caliente que salen disparados hacia tu boca abierta, bañándote y dándote de beber. Mi cuerpo se convulsiona con cada espasmo y mis piernas ya no me aguantan en pie. Te excita llevarme a ese extremo en el que me siento vulnerable para seguir jugando conmigo. Te levantas antes de que yo caiga sentada en la ducha, sujetándome con fuerza contra la pared.
— Aún no he terminado contigo Eva…
Con tus piernas, fuerzas las mías para colocarte entre ellas. Siento tu polla dura en la entrada de mi coño. Sólo el capullo roza a penas mis labios que aún chorrean y palpitan. Mi respiración es agitada por la corrida y me tiembla todo el cuerpo.
— Fóllame, por favor…— te suplico entre gemidos.
Mi petición te excita más aún y con un grito, me embistes metiendo tus veinte centímetros de golpe. Mi espalda rebota contra la pared, por el empujón, provocándome otro grito. Tus dientes muerden mi hombro y mis manos se aferran a los tuyos clavando mis uñas. Tu cuerpo se retira sacando tu polla casi por completo, coges impulso y vuelves a embestir hasta el fondo…, otro grito que me ahoga. Tu ritmo lento pero profundo me enloquece. Sabes como moverte para hacerme estallar de nuevo.
— Dios, diosss… Ángel me corro— grito abriendo más las piernas.
Los espasmos me doblegan y me ahogan, sabes que es el momento y aceleras el ritmo forzando la entrada de tu polla en cada una de mis contracciones. Creo que voy a caer, pero tus brazos no me dejan moverme. El líquido chorrea por mis piernas como si me hubiera meado. Tu polla entra y sale rítmicamente. Tus huevos se endurecen.
— Voy a llenarte el coño con mi leche…— me susurras al oído.
Tu cuerpo se tensa, tu culo se endurece empujado por mis manos que se aferran a él apretándote contra mi cuerpo. Me miras, tu respiración se detiene y con el primer chorro de leche disparado a lo más hondo de mi coño, un grito sale de tu garganta. Los espasmos te hacen temblar, con cada sacudida y las fuerzas nos fallan a los dos haciendo que caigamos sentados en la ducha.
Recuperando la respiración, nos miramos sabiendo que nos sobran las palabras. Con una simple mirada nos reconocemos a nosotros mismos y lo que hay entre los dos…
Y por eso me encantas…
(Extracto del relato "Cita con una amiga" con imagen de Gabriel Mestre "La Mirada Erotica")
Llegamos a la habitación del hotel, después de una cena
entretenida; veo que hay feeling entre los tres y eso me gusta. Me excita saber
que mi elección ha sido buena y ver en tu mirada el permiso que me hace falta
para dar rienda suelta a nuestra fantasía. Mientras subimos en el ascensor a la
habitación, las miradas, los roces y las risas hacen que entremos en calor,
preparando los sentidos a lo que va a ocurrir esta misma noche. Abres la puerta
mientras nosotras te tocamos el culo entre risas, haciendo que entres con prisa
en la habitación. Me miras con deseo furtivo y el bulto que hay entre tus
piernas me dice que ya estás excitado. Con un leve empujón te tiro sobre la
cama sentándome a horcajadas encima de tu polla que ya lucha por salir del
pantalón. Esther, mi amiga, se arrodilla a tu lado y se inclina sobre tu boca
ofreciéndote su lengua para que la saborees. Noto como tu polla se mueve
presionando la tela hacia arriba y eso me hace moverme con rapidez. Eres nuestro,
estás a nuestra disposición para hacer contigo lo que queramos. Esther me mira
con cara de perra en celo, dispuesta a todo, a tiempo de ver como empiezo a
desabrocharte los pantalones. Tus gemidos se empiezan a oír en la habitación,
sabiendo que estás sometido a nuestros deseos y eso se nota en el tamaño
descomunal de tu polla y la mancha húmeda que has dejado en los slips azules. Esther
te desabrocha la camisa, recorriendo tus pezones con la lengua y yo me lanzo a
comerte la boca. Nuestras lenguas juegan entrando y saliendo, buscando
morderse, poseerse. Mi mano recorre la tela fina que me separa de tu polla
palpitante y húmeda, hasta que se te escapa otro gemido.
— Por
favor… Eva— me dices temblando.
Me separo
de ti, viendo tu cara de placer y consiento a tu petición porque sabes que me
encanta. Levanto a Esther un segundo para regalarle mi boca y saborear la suya,
mientras nuestras manos se pierden en tu cuerpo. Las tuyas buscan frenéticas
tocar nuestra piel cálida; nosotras, desnudarnos mutuamente delante de ti,
dejando que nuestros cuerpos hablen con sus impulsos. Mis pezones ya están
duros, con el roce de su lengua, que los recorre con devoción de buena amiga.
— Que
puta eres Eva…— murmuras disfrutando de la vista.
Eso sabes
que me excita hasta perder el poco decoro que tengo. Mirándote fijamente cojo
la cabeza de Esther y la acerco a la mancha húmeda de tus slips.
— Cómete
esa polla…— le ordeno.
Sin
moverme, veo como te baja la prenda con suavidad y como con su lengua recorre
cada centímetro que aparece.
Me mira sonriendo antes de lamerte los huevos, mientras yo me abro de piernas encima de tu boca para dejar que me comas el coño. Siento tu lengua y tu respiración acelerada en mi clítoris y tus manos aferradas a mis tetas pellizcándome los pezones. Empezamos a jadear los tres. Con mis manos abro mi culo para que tu lengua tenga acceso a todo mi interior, viendo como Esther está lamiéndote la polla y los huevos, haciendo que muevas tus caderas en un intento de follarle la boca como sé que te gusta, pero ella no se deja. Yo sé lo que necesitas y te lo voy a dar mientras pruebas el sabor de otro coño, el de ella. Cambiamos posiciones, ahora veo como tu lengua recorre su fina línea de vello rizado y como tus labios intentan atrapar su clítoris. Su cara de deseo me dice que le está gustando y que se correrá en tu boca; eso me hace enloquecer. Tus manos buscan mi cabeza acercando mi boca a tu polla y de un empujón me la metes haciéndome toser, provocándome una arcada. Por un momento apartas tu boca del coño de Esther y me miras… Tus ojos me dicen que estás rendido a nosotras, que mi boca está hecha para darte placer.
Me mira sonriendo antes de lamerte los huevos, mientras yo me abro de piernas encima de tu boca para dejar que me comas el coño. Siento tu lengua y tu respiración acelerada en mi clítoris y tus manos aferradas a mis tetas pellizcándome los pezones. Empezamos a jadear los tres. Con mis manos abro mi culo para que tu lengua tenga acceso a todo mi interior, viendo como Esther está lamiéndote la polla y los huevos, haciendo que muevas tus caderas en un intento de follarle la boca como sé que te gusta, pero ella no se deja. Yo sé lo que necesitas y te lo voy a dar mientras pruebas el sabor de otro coño, el de ella. Cambiamos posiciones, ahora veo como tu lengua recorre su fina línea de vello rizado y como tus labios intentan atrapar su clítoris. Su cara de deseo me dice que le está gustando y que se correrá en tu boca; eso me hace enloquecer. Tus manos buscan mi cabeza acercando mi boca a tu polla y de un empujón me la metes haciéndome toser, provocándome una arcada. Por un momento apartas tu boca del coño de Esther y me miras… Tus ojos me dicen que estás rendido a nosotras, que mi boca está hecha para darte placer.
— Dios
que puta eres…— gimes haciéndome reír, relamiendo la baba que me has hecho
soltar.
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