Que tengo hambre... que tengo hambre... que tengo hambre solo de ti...

Porque estás entre mis piernas, porque te recorres mis venas... Porque abres las ganas puestas, los labios húmedos que ceden ante tus arrebatos... Porque necesito tenerte forzando voluntades que necesito mantener dormidas... Porque tienes que vivir lamiendo mis heridas...
(Imagen de Gabriel Mestre de "La Mirada Erotica)
(Relato "Recordándote" de mi libro "El Paraíso de Eva")
Ahora cuando me vaya a la cama sé que me acordaré de ti. De esa ducha compartida en el hotel y de nuestra follada furtiva después. Sé que cerrando mis ojos, voy a sentirte otra vez conmigo y que no podré resistir la tentación de tocarme por debajo de las sábanas suaves, las tetas, los pezones, todo mi cuerpo. Mis manos se pierden entre mis piernas que aún están doloridas por tus últimas embestidas. Buscando esos rizos húmedos que hace nada ocupaban tu boca experta. Hoy como muchas otras noches estoy sola. Triste, pero con la libertad de poder recrearme en mis fantasías, en mis deseos, en ti.
Mis manos aprietan mis tetas apresando los pezones entre mis dedos, sintiendo como crecen y se endurecen.
Me retuerzo gimiendo, recordando tus dientes sobre ellos y los latigazos de tu lengua, bordeándolos, mojándolos.
En uno de los cajones de mi mesita de noche tengo lo que necesito hoy para saciar mi hambre y mis ganas de tenerte.
Mi mano roza la seda de la bolsita y sonrío. Aún recuerdo cuando entramos a comprarlo juntos y su uso después en el hotel. Esa imagen hace que mi coño se contraiga.
Mi lengua rodea el capullo de látex para lubricarlo y lo acerco a mi coño que ya babea. Aún veo tu cara de deseo antes de meter el consolador dentro de mí. Como tu brazo se tensa, empujando la polla de látex hacia lo más hondo. Mi mano se mueve, con la misma velocidad que recuerdo, pellizcando con la otra uno de mis pezones. Mis gemidos aumentan junto a las imágenes que se proyectan en mi mente. Tu mirada, clavada en la mía, tu expresión de deseo desbocado observando como mi cuerpo se arquea, preparándose para el orgasmo. Mi mano se aferra a la sábana, mi culo se tensa y mi velocidad aumenta.  Los chasquidos que produce la polla de látex, entrando y saliendo de mi coño, resuenan en la habitación, uniéndose a mis gemidos. Mis pezones se endurecen, como mi clítoris, haciendo que mi coño se abra, dejándome penetrar en él hasta el fondo. Recuerdo tu brazo forzando la entrada. Tu polla enorme palpitando entre tus piernas por la excitación. Y ahora, ese mismo orgasmo que me ahoga, que se acerca, tensando todo mi cuerpo. Mi coño se contrae apresando la polla de látex que me perfora sin descanso, provocando que los chorros de caldo salgan disparados mojando la cama.
Las convulsiones hacen que me retuerza entre las sábanas y que me corra con tu imagen y tu nombre en mi memoria.
Vídeo book de "El Paraíso de Eva" de la escritora Eva Monfort. Con las imágenes de Gabriel Mestre y La Mirada Erótica.
(Imagen de Gabriel Mestre "La Mirada Erótica")

Vives rozando el límite entre la fina tela y mi piel, que se eriza cada vez que pronuncio tu nombre. Mis dedos están preparados para darme el placer que deseo al pensarte, al recordarte entre mis piernas abiertas...
 (Extracto del relato: Nuestro primer encuentro. Con imagen de Gabriel Mestre)

Hemos hablado tantas veces de nuestro primer beso, del sabor de nuestras bocas, que el deseo atroz se respira en el aire que nos envuelve. Acercas tu boca a la mía con miedo de probarla, la alejas y la vuelves a acercar, hasta que nuestras lenguas se rozan produciendo descargas eléctricas por todo el cuerpo. Tus manos cálidas se apoyan en mi cintura y las mías buscan entrar en tu camisa, para poder besar tu cuello.
Tu piel se eriza al contacto de mi boca y gimes cuando mi lengua te recorre por detrás de la oreja. Sigues bajando tus manos, rodeando mis caderas, hasta que te aferras con fuerza a mi culo, apretándome contra ti. Noto tu polla luchando por salir de tus apretados pantalones y eso me hace gemir. Te quito el cinturón y con rapidez saco esos veinte centímetros que me aclaman, que me desean, con el único anhelo de metérmela entera en la boca, saborearla por primera vez. Me arrodillo en el suelo, entre los coches, sin dejar de mirarte a los ojos, ya sabes lo que voy a hacer.
La imagen que me espera es mejor a la de las fotos, que ya me sé de memoria. Tu polla crece majestuosa rozando ya los límites de tu ombligo, dejándome libertad de movimiento con tus huevos, que saco fuera del pantalón. Mi mano se decide a tocarlos; me encanta su tacto suave y como cuelgan de la base de tu polla que palpita con cada una de mis caricias.

— ¡Chúpalos!— murmuras, empujando mi cabeza hacia ellos.

Mi lengua los recorre desde su base, separándolos, metiéndolos uno a uno en mi boca húmeda, mientras mi mano recorre tu dureza. Gimes, haciendo que mis jugos se disparen mojando mis bragas. Sabes que me pone cachonda oírte gritar.

— ¡Diossss!..., cómetela entera— dices empujándome la cabeza hacia arriba.

Mi lengua empieza su ascenso hasta la punta babeante, recogiendo ese jugo salado que me excita aún más. Mis manos se aferran a tu culo tenso, empujándote hacia mí, metiéndomela entera hasta rozar con la punta mi garganta, provocándome la arcada. Su sabor es tal como esperaba, salado y dulce a la vez. Tus jadeos me ponen a cien. Tus manos se aferran con fuerza a mi cabeza metiendo tu polla hasta los huevos en mi boca, que succiona con delicadeza en cada una de tus embestidas. Miras hacia abajo encontrando mis ojos que te observan y que ya te suplican. Sabes que no puedo esperar más, sabes lo que necesito.
Haces que me levante del suelo, apoyando mi espalda otra vez contra tu coche. Por un momento, miro a nuestro alrededor con cierto reparo de que alguien nos vea.

— A estas alturas, no me digas que te importa— me susurras mirándome fijamente.
— Jajajaja… Fóllame Ángel…
Hoy en el espacio Arte y Letras del programa Hijos de la Luna en Radio Unión Catalunya, han hablado de mi libro "El Paraíso de Eva". Conciso, respetuoso, interesante... Gracias a José Luis Mateo y a María Tortosa por ser así.

Sigue este enlace para escucharlo
Reseña de mi querido amigo y escritor Robert Fornes, con imagen de Gabriel Mestre y la Mirada Erótica.
EL PARAÍSO DE EVA.
Eva Monfort.

Al igual que la Luna, que posee un lado oscuro al margen de lo diáfano, todos contamos con una parte sombría en nuestro interior que recoge aquellos matices que preferimos mantener ocultos. Esa zona difusa, muchas veces sepultada por el miedo o la vergüenza, que revela la verdadera esencia de uno mismo.

Eva es joven. Atractiva. Tiene éxito. Eva se aburre, la rutina la posee, la amordaza. Eva palpita en el interior de Eva. Una de sus muchas noches de soledad y hastío, Eva descubre su bestia interior. A partir de ese momento emerge imparable su alter ego oculto. Sexual, poderosa, femenina, plena de lujuria y carente de prejuicios ni tabúes. Su coño y su mente interconectados sin ningún cortafuegos.

Su paraíso, finalmente al aire.

La libertad sexual que se concede a partir de entonces emana de cada uno de los relatos, rezuma de sus pezones, de sus labios, de cada uno de los milímetros de su piel, y es inversamente proporcional al microuniverso sexual cosido a la vida que arranca a dejar atrás. Su deseo por follar, por ser jodida, su ansia por provocar y recibir placer sirven todos de conductor eléctrico para el conjunto de relatos que componen el libro.

Ella misma lo afirma en el prólogo, Eva ya no sabe quién es. Pero eso es lo de menos. Ahora ha descubierto que a través del sexo con mayúsculas puede crecer y conocerse mejor. Y por el camino, extraer el jugo sexual a hombres y mujeres. Manejarlos, vaciarlos. Someterse a la voluntad de ellas y ellos. Por teléfono, a escondidas en la habitación de un hotel, en medio del comedor de un restaurante o en los aseos públicos. Con un follamigo, un desconocido, una amiga, un compañero de la oficina o una pareja de mulatos. El placer le proviene de igual forma siendo ensartada por detrás como una potra salvaje, lamiendo varias pollas en una misma cama, recibiendo embestidas en su estrecho culo o disfrutando del refinado sabor de una vulva tersa y caliente. Eva relata sin concesiones y con una crudeza fabulosa todas y cada una de sus experiencias. Como en Noche de sorpresas, donde experimenta con lascivia el sexo en grupo, Fiesta en el hotel, en el que se somete y ofrece obediente todos los orificios de su cuerpo a un hombre caliente, o Viaje en el autobús, en el que arrastra a un desconocido a una espiral de sexo antológico en las escaleras de su edificio.

El paraíso de Eva es pura literatura porno, sugerente a veces, franca y gráfica siempre. Una propuesta excitante y elegante, sin florituras descafeinadas. Para disfrutarla leyendo, y aún mejor, imaginando que quizás uno de estos días seas tú quien lo estés viviendo en primera persona.
A veces pienso que mi cuerpo está diseñado para darte placer...
que sus curvas... que cada milímetro de mi piel,
se conjugan con tus deseos más ocultos...